Las 10 cosas que aprendimos tras el terremoto del 19S.

 

Ruth Muñiz y Manuel Hernández Borbolla.

NOTA ORIGINAL

 

 

 

 

El sismo del 19 de septiembre expuso una grieta que no sólo derribó edificios, casas y dejó a miles de personas damnificadas en siete estados del país, sino que reveló aquellos problemas que arrastramos por 32 años y que en los sismos que hoy se conectan de 1985 al 2017, nos han dejado dolorosas lecciones:

 

1. La solidaridad de la gente en situación de emergencia

 

Si algo quedó de manifiesto durante la devastación de los sismos, fue la solidaridad de la gente. Ríos de personas que abarrotaron las calles, se sumaron a brigadas de rescate para buscar sobrevivientes entre los escombros, juntar y repartir víveres para los damnificados, transportar herramientas, etcétera. Al igual que ocurrió en el terremoto de 1985, la gente se organizó de manera espontánea para canalizar la ayuda en medida de lo posible.

 

En el proceso, surgieron héroes anónimos que removían escombros sin una pierna o en silla de ruedas, lo mismo jóvenes que adultos mayores, gente que donó todo lo que tenía y que abrió su casa para recibir a los que perdieron la suya.

 

También surgieron organizaciones como #Verificado19S que en cuestión de horas montaron un centro de inteligencia ciudadano para corroborar información y organizar la ayuda necesaria para atender la catástrofe.

 

Sin duda, la mayor lección que nos dejaron los terremotos fue la capacidad de los mexicanos para hacer frente a un desastre que dejó al menos 459 muertos, según los últimos reportes de Protección Civil, contando los sismos del 7 y 19 de septiembre. Una cifra de mortalidad muy por encima de otros desastres provocados por huracanes.

 

2. Un gobierno ineficaz y rebasado ante el desastre

 

Otra evidencia que desenterraron los terremotos, fue la incompetencia gubernamental para atender al desastre. Así quedó expuesto en las operaciones de rescate del Colegio Enrique Rébsamen, donde altos mandos de la Marina afirmaron durante dos días que habían contactado a una niña de nombre Frida Sofía atrapada entre el derrumbe, que al final nunca existió. Una operación de rescate en la cual también estuvo involucrado el titular de la Secretaría de Educación Pública, Aurelio Nuño.

 

Además, la lentitud con la que fluyeron los recursos y la atención a los damnificados por los terremotos fue tal, que miles de damnificados en Juchitán comenzaron a recibir atención del gobierno federal más de 10 días después del sismo que azotó a Oaxaca y Chiapas. Una desatención que quedó de manifiesto en la manera como muchos oaxaqueños que se quedaron a vivir en la calle tras el derrumbe de sus viviendas, tuvo que solicitar el donativo para lonas ante las fuertes lluvias que cayeron en la región.

 

Pero ese no fue un caso aislado. En la Ciudad de México, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, que al inicio de la contingencia ofreció cifras poco precisas de edificios derrumbados que luego tuvo que corregir. Algo similar ocurrió con el número de muertos y la atención que brindó el gobierno para revisar edificios en mal estado. Tal fue el nivel de desorganización que imperó en la capital del país, que el gobierno local incluso solicitaba información a representantes de la iniciativa #Verificado19S para poder atender la emergencia.

 

3. Los políticos que quisieron lucrar con la tragedia

 

Desde la concentración de víveres en el DIF de Morelos, caso por el que la Comisión Nacional de Derechos Humanos inició una investigación contra el gobernador Graco Ramírez, hasta la demagogia de los partidos políticos en tiempos de crisis, la clase política volvió a fallar a la ciudadanía.

 

De ahí que diversos politólogos y académicos cuestionaran la manera en que todos los partidos políticos que tienen oportunidades reales de ganar la Presidencia de la República, aprovecharon la coyuntura para hacer un "demagógico" ofrecimiento de ceder todo el dinero para partidos de cara a las elecciones de 2018, con lo cual, pretendían que fuera la iniciativa privada la que financiara las campañas políticas.

 

De este modo, PRI, PAN, PRD, MC y Morena, señalaron que estaban dispuestos a donar todo su presupuesto para los damnificados. Dos semanas después, el tema simplemente dejó de resonar en los medios, conforme se fue diluyendo la atención mediática en el sismo.

 

4. La corrupción mata

 

Y por supuesto, en un país como México, la corrupción salió a relucir tras los terremotos. Uno de los casos que más llamó la atención es la manera en que el gobierno de Oaxaca compró más de 3 mil alertas sísmicas que están guardadas en bodegas o desparecieron. Alertas que hubieran podido salvar vidas durante el derrumbe de casas y edificios ocurridos durante el terremoto con magnitud de 8.2, el más fuerte ocurrido en territorio mexicano durante el último un siglo.

 

Del mismo modo, la corrupción inmobiliaria en la Ciudad de México pudo haber provocado una gran cantidad de muertes.

 

"La corrupción pudo haber matado a muchas personas. El famoso cártel inmobiliario puede ser uno de los grandes asesinos en este terremoto", dijo Salvador Mejía, de la firma especializada en prevención de lavado de dinero Asimetrics.

 

5. Desiguadad y tragedia

 

Ni siquiera en la tragedia somos todos iguales. Desde la atención política y social de cada entidad, hasta la cobertura mediática, los sismos exponenciaron las carencias que se viven en Oaxaca, Morelos, Chiapas, pero también en algunas zonas de la Ciudad de México, como Xochimilco o Iztapalapa, donde ni siquiera se sabe a ciencia cierta cuántos damnificados hay, donde no se habla de pueblos como San Gregorio Atlapulco, en donde hay calles semi destruidas o miles de afectaciones en Iztapalapa que no están ni en el radar del gobierno.

 

En Morelos la ayuda tardó días en llegar por un gobierno que retuvo ilegalmente donativos, una Ciudad de México que asegura que tiene mil edificios dañados cuando en la delegación que es el bastión más importante en época electoral, Iztapalapa, tiene un censo de 12 mil sólo en su territorio.

 

6. Sin cultura de Protección Civil

 

Desde 1985 los simulacros son una costumbre que perdió la visión de ser aquella práctica que nos puede salvar la vida. El 19 de septiembre, dos horas antes del temblor de 7.1 grados que sólo en la Ciudad mató a 228 personas, los capitalinos habían realizado un simulacro conmemorativo de la tragedia de 32 años antes, pero que de nada sirvió cuando la tierra jugó la mala broma de moverse en la misma fatídica fecha.

 

Las autoridades no supieron actuar, pero también los ciudadanos fueron inconscientes, como aquellos que regresaron al edificio de Medellín y San Luis Potosí en la colonia Roma Norte, sin una adecuada revisión estructural y que terminaron bajo los escombros que le arrebataron la vida a 2 personas.

 

7. Un gobierno sin cabeza

 

Tras la emergencia, gobernadores, diputados y secretariados de estado a nivel local desaparecieron. En CDMX, por ejemplo, todo el gabinete se concentró en un C5 desde donde su única ventaja era de poder observar al mismo tiempo las más de 50 zonas con derrumbes.

 

Las contradicciones de información entre lo que decían rescatistas, Miguel Ángel Mancera y los jefes delegacionales puso al descubierto que no había organización, comunicación interinstitucional ni un mando claro. El Jefe de Gobierno se convirtió en el triste vocero de muertos y heridos, lo que tampoco permitió coordinar adecuadamente la información con familiares de las víctimas y fallecidos, como el caso de Álvaro Obregón 286, el edificio que tardó dos semanas en labores de rescate de cuerpos y donde tuvo que intervenir Roberto Campa de la Subsecretaría de Derechos Humanos para disminuir la crisis que provocó la desinformación.

 

8. El boom inmobiliario

 

Desde hace años los gobiernos de Ciudad de México han ido regalando poco a poco el territorio a desarrolladores, constructores e inmobiliarias que sólo se han preocupado por enriquecerse a costa de la construcción de vivienda y no por los materiales de construcción o por respetar la normatividad.

 

La delegación Benito Juárez se convirtió en el ejemplo, donde al menos 5 edificios de menos de una década de construcción, colapsaron total o parcialmente; edificios autorizados por un exdelegado que ha sido multiseñalado por corrupción inmobiliaria y que hoy es el coordinador de la bancada panista de la Asamblea Legislativa y el Secretario de la Comisión de Gobierno, desde donde se deciden las leyes de la capital.

 

9. Derrumbe de edificios y de candidaturas

 

Dos días antes del sismo de 7.1 grados, Miguel Ángel Mancera era aplaudido por una complaciente Asamblea Legislativa que lo despedía con felicitaciones después de rendir su Quinto Informe de Gobierno. En su discurso el Jefe de Gobierno reiteraba su intención de irse semanas después para ser candidato a la Presidencia de la República, camino que construyó desde el primer día que pisó el Palacio del Ayuntamiento.

 

El sismo, cuando menos, pausó su intención presidencial, le quitó la posibilidad de competir en una candidatura independiente, de dejar el gobierno en el mes de octubre como planeaba y le dejó el camino cerrado de una competencia por los favores de un Frente Ciudadano que los blanquiazules ya tienen acaparada.

 

Pero no fue el único con cambios de planes. Claudia Scheinbaum y Ricardo Monreal, morenistas, llevaban semanas protagonizando un pleito por la candidatura del joven partido de AMLO que parecía que tenía todas las posibilidades de arrebatarle al PRD la joya de la corona del gobierno de la Ciudad. El derrumbe del Colegio Enrique Rébsamen, en Tlalpan y los escándalos de corrupción complicaron el camino de Scheinbaum.

 

10. La reconstrucción sin planeación

 

Tras la emergencia, en lo que más se han preocupado los gobernantes de CDMX es en recoger rápidamente los escombros y sepultar las causas de que teniendo uno de los reglamentos de construcción más avanzados, 52 edificios colapsaran.

 

Una mal planeada Ley de Reconstrucción se convirtió en el estandarte del gobierno central y un jugoso negocio para las inmobiliarias, las únicas que parecen ser las beneficiadas por la tragedia.

 

Trabajo de colaboración por Ruido en la Red y The Hufftington Post.

 

 

 

 

Twitter